miércoles, 4 de marzo de 2009

Paseos


Los niños se arremolinaban y gritaban. Las caras de felicidad, las sonrisas infantiles y muchos ojos ilusionados. Todos intentaban ganar el juego, ser los mejores, todos querían ser el que más patadas diera al balón y poder decir eso de: -he marcado un gol como Raúl- (bueno, supongo, hace mucho que no veo fútbol).


La niña rubia de trenzas era una pequeña representación de la típica chica de barrio, algo altiva, líder de una panda descerebrada que se maquillaría como una puerta para fingir los 18 y así ver como su infancia se va por el retrete de algún bar con todo el tequila de baratillo.


El pequeñajo de mirada traviesa, un futuro vanidoso que rompería dos o tres corazones. El gordito, futuro delgado, que se obsesionaría con ir al gimnasio y no comer más de 2000 kcal.


La pequeña que se queja de todo seguramente seguirá quejándose, será una perfecta exigente, una de esas personas que para superar la inseguridad atacan al que tienen delante consiguiendo que, no sólo no le hagan daño, sino que ni se acerquen.


Todos tan pequeños, tan ignorantes y tan divertidos...


Imagino sus primeras relaciones sexuales, los primeros miedos, el cambio de vida, las decisiones que marcan y los problemas futuros, las peleas por llegar más tarde a casa y las de déjame en paz. Las tardes llorando por un chico, los gritos de un papá que nunca está, los de una mamá que se mete hasta en las ratoneras de tu cuarto...


Sé que dicen que es muy bueno pasear pero, terminé por dejar de hacerlo. Me llevaba a lugares que no debía.

2 comentarios:

  1. 11 días sin noticias de .... ti...

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  2. Ya estoy de vuelta, aunque... me sorprendes anonimo

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