domingo, 28 de junio de 2009

Casi Real

Como capricho cuando tengo tiempo, me doy el placer de dormir la siesta antes de la comida. Hoy ha sido una siesta extraña, he tenido un sueño erótico que, como todos los sueños que tienes medio dormida, ha terminado mal. Cuando estás en ese estado, tus instintos te pueden así que inconsciente empiezas a masturbarte. El problema es que tu mano esta en cualquier otro sitio menos donde debería y tus dedos, que ahora se mueven arriba y abajo en tu hombro, son los que terminan por despertarte. Si tienes suerte, como me ha pasado a mí hoy, el sueño puede darte una pequeña tregua en la que, aún en el reino de Morfeo, tienes la suficiente voluntad como para mover tu mano a un sitio mucho más divertido. El cuerpo te arde y todo indica que tendrás un orgasmo de película, bastan unos minutos para que llegues a correrte solo que, por desgracia, es un sueño. Algo debe pasarle a mi cuerpo pero…es como si no tuviera orgasmo. Llegan todas esas sensaciones y luego, plaf! Me despierto y mi cuerpo sigue con la tensión acumulada y la excitación pero sin ganas de masturbarme de nuevo. Es frustrante.

¿Por qué me pasa esto? ¿Es que ahora, encima de soltera, mantengo una guerra con mi vagina? Solo pedía un poco de relax, mi cuerpo estaba en el estado perfecto, corría aire en medio de estos días agobiantes y mi mente estaba trabajando sola, sin necesidad de darle órdenes, era una buena fantasía llena de morbo… ¿Por qué?

Definitivamente, este año me compro un vibrador.

jueves, 25 de junio de 2009



El teatro real. Se alza ante mí majestuoso e interesante. Arquitectura hecha vida. Sus palomas parecen estatuas clavadas en las cornisas, la luz no le llega en este día caluroso y en la puerta un joven te espera.
Los pasillos y recovecos se llenan de vida durante unos instantes y entonces todos desaparecen tras las puertas negras. Dentro, un enorme escenario lleno de oscuridad y las voces inquietas de cientos de personas. La lámpara, grande y compleja, cuelga del techo como si apenas pesara, está hecha de cientos de cristales y unas bolas que son como enormes perlas suspendidas.
Abajo la orquesta afina los instrumentos o simplemente los toquetea. Me encanta el que toca la tuba que mira en su interior buscando vete tú a saber qué, lo gira y lo vuelve a girar, retuerce el instrumento y casi da al de al lado. Ellos charlan como si nada, miran de un lado a otro y se ríen. Cuando las luces bajan, el director de orquesta se presenta y el resto de los músicos con cara de aburrimiento se ponen en pie. Para ellos todo esto es puro trámite.
La ópera empieza y es sorprendente el impacto que cada uno de los movimientos tiene en mí. Solo giran la cara y es más que suficiente. Su voz, la escenografía, los colores y la luz, el suelo gira y se levanta, se inclina en todas direcciones y, sobre él, Rigoletto vive su propia tragedia. Me fascinan los trajes, lo bien que aprecio sus texturas, cómo se difuminan las expresiones y luego se vuelven a remarcar. Sus voces imposibles y el texto en una moderna pantalla que contrasta en ese lugar sacado de otro siglo.
En el intermedio escudriño los rincones y furtivamente me cuelo en los palcos, veo el mismo escenario una y otra vez desde treinta perspectivas distintas y me fijo en las alfombras, los techos y los cuadros. Me acerco a la terraza donde todos beben champagne con tacones y corbatas. Creo que se confunden, la ópera debería ser para todos, para disfrutarla y sentirla cómodamente, no para ir encorsetado.
Los ribetes, las falsas columnas, los dorados y la ropa de la gente. La obra vuelve a empezar y el silencio se crea. Comienza ‘La Donna e mobile’ y no tengo otra más que enfadarme, toda la vida cantando una canción con una de las letras más machistas y absurdas que podían haber inventado. Me siento decepcionada con la historia y la sociedad que ha continuado pertrechando algo así. Igualmente, la función sigue y las emociones se agolpan, los cantantes parecen estar al borde del dolor real y eso llega.
Sin darme cuenta todo el mundo aplaude, parece que ha terminado y la gran tragedia ha tocado a su fin, sigo encandilada con los trajes y las luces y les aplaudo aún desconcertada. Veo como llenan sus egos con mis palmas y pienso que esta noche se lo merecen. Aunque todos aplaudieron mucho más a Gilda, me conmovió Rigoleto, me gustó cómo lo hizo, me tocó una fibra sensible.
A la salida bajo por las escaleras para paladear un poco más de esos pasillos. Parecen dos pulmones que se llenan y vacían de aire, por un lado, los asientos y el escenario, por otro, todo lo demás. Discretamente los acomodadores se colocan y dispersan, la gente sale y yo miro aún confusa el palacio real iluminado. Es una noche de verano y todo ha terminado.

sábado, 13 de junio de 2009

ICONOS


Alguien que no ha sido elegido por mí ha establecido qué debemos ser. Entre un mar de chicas de menos de 45 kilos yo pienso: -Dios mío, ¿Penélope Cruz no conoce las estrías?- No quiero ser la mujer perfecta pero es imposible no sentirte pequeña cuando el photoshop produce el 90% de los iconos modernos.


Nos han educado para ser los mejores, en el colegio solo premiaban al que destacaba y ahora nos hemos olvidado de sentir. Independientemente de tu felicidad, deberías estar intentando ser reconocido por tu trabajo. ¿Qué pasa con toda esa gente que vive por el simple hecho de vivir, por el hecho de ser feliz?


En esta sociedad llena de locura y movimiento nadie da premios al que consigue encontrar su camino si ‘ese camino’ no es el del mejor ascenso y el mejor sueldo. A nadie le importan tus conocimientos en artesanía si nunca has aparecido en alguna revista o tu afición te reporta un salario interesante. ¿Hemos perdido la razón buscando que nos reconozcan nuestros méritos? ¿No deberíamos aceptarnos como somos y disfrutar de la vida?


Ante los esbeltos cuerpos y divinidades exóticas me planteo, ¿a quién siguen ellas? Si realmente son las que marcan tendencia, ¿nunca se sienten superadas por la presión? Tienen en sus manos el estilo del mundo occidental pero caminan fingiendo ser simples mortales.
Durkheim, al hablar del suicidio, dijo que era necesario encontrar patrones o guías sociales en las que apoyar nuestras vidas y que, generalmente, la gente que no los tenía encajaba en el perfil del perfecto suicida. Entonces, cuando intentamos ser los mejores constantemente, ¿no estamos acercándonos peligrosamente a la autodestrucción?


Hemos inundado esta parte superficial de la vida con cosas bonitas como vestidos y zapatos. Llenamos de raciocinio y frases lógicas nuestro comportamiento y así es fácil evitar lo que no queremos ver. Supongo que lo adecuado es encontrar el equilibrio pero, incluso con la reflexión en mi cabeza, me es imposible mirar el VOGUE y no pensar:
- Qué piernas tan fabulosas… Este mes empiezo a correr todos los días.-

viernes, 5 de junio de 2009

MI ABUELA LO HA DEJADO CON SU NOVIO



Es la nueva crisis familiar. Soy la damnificada de sus discusiones por teléfono pero ella intenta hacerse la fuerte, intenta evitar que la vea elevar el tono o decir esto y aquello. Se echan cosas en cara, se reclaman cosas que nunca dieron, hablan como dos quinceañeros. Ella le miente, le dice que ha quedado con sus amigas a tomar café para que él no se sienta dueño de nada, él le ofrece ir a los toros en un vano intento de ser conciliador, ella finge una amabilidad y una amistad, luego se llaman y discuten pero ninguno escucha.

Esta trama se acerca mucho a cualquiera de las presentadas en Sexo en Nueva York pero mi abuela pertenece más bien a la franja de las Chicas de Oro.

Ella finge indiferencia, dice que se siente agusto, que ahora está mejor, que no se va a quedar en casa por nadie y menos por un hombre. Él le pide una amistad pero se comporta como un novio oficial.

Mi abuela se casó de joven, como todas para conocer la libertad. Dejó de ser de su padre para ser de su marido aunque en el fondo todo eran excusas, mi abuela nunca se dejó dominar por nadie, ni cuando las circunstancias lo pedían. Tuvo a su marido al lado durante años, le enseñó a ser adulta, tuvieron hijos y lucharon contra todos los problemas. Ella aún se queja de sus manías, dice eso de: - Tu abuelo era un liante, siempre lo tenía que tocar todo, me desmontaba la radio y todo lo que cogiera por banda. ¡Y porque yo no le dejaba, que si no me desmontaba la casa entera!- pero de sus palabras se deduce melancolía y ternura, como si echara de menos poder decirle eso de: -Amador, ¡compórtate!

Conoció a su novio hace años, se limitaron a verse los fines de semana, él la llamaba dos o tres veces al día, por costumbre. Se han querido, creo. Me enternecía ver como ese hombre divorciado y con cinco hijos, en una etapa que se me hace tan lejana, le mandaba flores cada año en las fechas señaladas.

Recuerdo ‘Memorias de mis putas tristes’ y pienso que García Márquez tenía razón, no existe edad para enamorarse.

Ahora, por primera vez en sus 69 años, mi abuela no es solo una viuda, ahora tiene un ex.